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¿AÚN ES POSIBLE EL INTERCAMBIO
HUMANITARIO?
Por Athemay Sterling
( I )
Se nos pregunta con frecuencia:
¿Cuáles
son las razones para que el gobierno actual no concrete un acuerdo que conduzca
al intercambio humanitario entre personas privadas de su libertad como
consecuencia del conflicto social y armado, unas en poder del estado hacinadas
en cárceles colombianas como también las extraditadas y otras en poder de la
insurgencia en selvas y cordilleras, si hay el suficiente blindaje jurídico para
realizarlo?
La
respuesta a esta pregunta nos conduce ineludiblemente a desnudar la política de
estado como de clara estrategia de guerra y única opción desesperada
para evitar que el movimiento popular en todas sus expresiones logre en el
desarrollo de la lucha de clases seguir acumulando la fuerza, organización y
unidad indispensables que conduzcan a un nuevo régimen o un nuevo gobierno. El
movimiento popular colombiano es una opción de poder.
La característica
del movimiento popular, en todas sus expresiones, llamado por otros "sociedad
civil", se caracteriza por la confluencia de cuatro elementos:
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(1)confronta al estado,(2)es afectado negativamente por el estado, (3)- no hace parte del estado, y (4)
el estado a pesar
de estar obligado internacional y constitucionalmente a garantizar y
proteger la integridad real de los derechos humanos, no cumple su deber
por acción, omisión o sumisión a la política imperialista dominante. |
(
II )
¿Pero qué tiene que ver el intercambio
humanitario en esta contradicción?
Si sólo es eso, humanitario.
El intercambio humanitario en Colombia tiene una
virtud nueva: ser demiurgo, motor de nuevos desenlaces políticos.
El propio desenvolvimiento de las contradicciones y
complejidad del atípico conflicto colombiano ha ratificado lo que hemos
venido afirmando:
1- Que defender el intercambio
humanitario es también defender la soberanía nacional contra la extradición
utilizada por el estado como arma para perseguir y castigar a sus opositores
políticos.
2-Defender el
Intercambio humanitario es propiciar la juridicidad que coadyuve para la
disminución de la intensidad del conflicto.
3- Defenderlo es luchar por el
rescate de las libertades democráticas conculcadas por el autoritarismo estatal.
4-
Patrocinarlo es reconocer la existencia de un agudo, complejo y atípico
conflicto social y armado en Colombia que obliga a buscarle solución política.
5- El Intercambio
Humanitario ya es una consigna democrática nacional de defensa a la vida, la
integridad y la dignidad de la persona.
Toda esta esencia es antagónica a la política de
guerra del estado, combinada con su política económica impositiva, avalada,
sustentada y soportada ya directamente por el dominio unipolar imperialista
( III )
-
Un
acuerdo hacia el intercambio humanitario o canje revelará más el
arrodillamiento de este régimen político al imperialismo, demostrará su
incapacidad, por un lado, para confrontar políticamente a sus opositores
políticos a quienes extradita para perseguirlos y castigarlos, también
mostrará, a la vez, la inexistencia de una real democracia para que la oposición
ejerza sus derechos. Colocará a la luz pública la pretensión oligárquica de
terminar todo tipo de oposición al gobierno. El derecho de expresar libremente
las concepciones políticos de los opositores se coarta diariamente, pues quien
se considere como opositor, el gobierno y su institucionalidad lo sindicará
inmediatamente de rebelión, penalizando y criminalizando de esta manera la
oposición, la protesta social y el ejercicio de los derechos.
-
El
intercambio humanitario obligará al estado a cumplir la normatividad
internacional y nacional que dice defender, e impulsará lo que desde las pasadas
y vigentes recomendaciones de la otrora Comisión de los Notables indicó sobre la
necesidad de buscar acuerdos conducentes a la disminución de la intensidad del
conflicto, concepto más amplio y realista que el de humanizar la guerra, pues de
lo que se pretende, es de acabarla, las guerras no se humanizan, son crueles por
naturaleza. La Agenda Común firmada entre el Gobierno Colombiano y la
insurgencia de las FARC en una población del Caquetá cuando las conversaciones
del Caguán rotas unilateralmente por el Señor Presidente Andrés Pastrana, como
él mismo lo afirmó en su último libro, dio pasos de avance humanitario que
fueron desatendidos por la clase dirigente oligárquica del país, y ahora una
concreción de acuerdo humanitario hacia el canje de prisioneros reafirmaría la
vigencia de esta Agenda Común para la Nueva Colombia, como se denominó.
Fortalecer la propuesta humanitaria del canje frenaría la opción de guerra del
rescate militar a los retenidos.
-
Desde
el inicio del actual gobierno se reafirmó la continuidad oligárquica de la
restricción a la democracia, con intentos jurídicos fascistas como el fenecido y
derrotado Estatuto Antiterrorista que se implementa ahora mediante otras formas,
como las detenciones masivas que en su política estatal de guerra pretende
descalificar al opositor político sindicándolo como terrorista o como dicen
ahora narcoterroristas, en una ofensiva ideológica para legitimar la guerra
ubicando a la población civil como objetivo, abrogando el principio de la
distinción y colocando a toda la ciudadanía bajo el imperio del la presunción de
culpabilidad, eliminando el principio democrático de la ley penal como es la
presunción de inocencia. En este ejercicio estatal de visos claramente fascistas
las cárceles se han atestado de presos políticos, acercándose a casi 3.500, sin
contar a los también políticos, casi 850 insurgentes. El intercambio humanitario
revelará, también ante la opinión pública, que los jueces y fiscales que en su
autonomía hermenéutica y de la buena fe dieron libertad a todos los detenidos en
pescas masivas fueron destituidos unos, y otros retenidos y procesados por el
presunto delito de impartir justicia, o mejor, confrontar en el marco de la
constitución y la ley al autoritarismo estatal. Los abogados defensores de los
detenidos en estas redadas masivas y de los presos políticos se les
estigmatizan cuando se les tilda de terroristas y auxiliadores de la
guerrilla. El intercambio humanitario hará más visible este diario ocurrir, para
que por lo menos se aplique y/o respeten el artículo 9º de la Declaración
Universal de los Derechos Humanos que prescribe la protección de las personas
ante la detención arbitraria, también del párrafo 1º del artículo 9º del Pacto
Internacional de Derechos Civiles y Políticos que señala igual protección y la
exigencia del debido proceso, el artículo 7º de la Convención Americana que
obliga a los Estados Parte el respeto y la garantía de la libertad personal para
evitar la pérdida de la libertad de manera arbitraria e ilegítima, de igual
manera se exigirá que el estado cumpla, también, las prescripciones
constitucionales 28 “…Toda persona es libre.
Nadie puede ser molestado en su persona o familia, ni reducido a prisión o
arresto, ni detenido, ni su domicilio registrado, si no en virtud de mandamiento
escrito de autoridad judicial competente, con las formalidades legales y por
motivo previamente definido en la ley", la 29
ordena que "nadie
podrá ser juzgado sino conforme a las leyes preexistentes al acto que se le
imputa, ante juez o tribunal competente y con observancia de la plenitud propia
de cada juicio, y la 93 que señala
"los derechos y deberes consagrados en esta
carta, se interpretarán de conformidad con los tratados internacionales sobre
derechos humanos ratificados por Colombia”
-
El
acuerdo humanitario hacia el canje reafirmará la existencia atípica del
conflicto social y armado colombiano que el actual gobierno intenta por todos
los medios desconocer para unos casos, pero para otros lo reconoce con el objeto
de concretar internacionalmente la financiación económica y militar de él, y en
el interior crea impuestos, reaviva extraordinarios para la compra de excesivo
material bélico terrestre, aéreo, de jungla, urbano, fluvial, marítimo,
informático, satelital, dotación , entrenamiento, creación de nuevos
contingentes, batallones de baja y alta montaña, aumenta el pie de fuerza,
financia soldados campesinos, guardabosques con misión militar etc., el gasto
militar llega al 4% del PIB, además de la inversión militar extrajera a través
del Plan Colombia iniciado con el Señor Presidente Andrés Pastrana, la
Iniciativa Andina y el Plan Patriota con el Señor Presidente Uribe, mientras la
miseria se incrementa, el número de pobres aumenta, el desempleo crece, la
economía informal reina, las viviendas las pierden los usuarios en beneficio del
capital financiero con la ayuda de los juzgados civiles municipales y del
circuito que fallan a favor de los bancos, la edad de jubilación es mayor, la
cotización mayor y la pensión disminuida, disminuye el aporte estatal a la
educación y a la salud con el soporte jurídico de la Ley 715 de 2001, la salud
sigue convirtiéndose de derecho en servicio como consecuencia de la Ley 100/93,
la estabilidad laboral se perdió con la ayuda legal de la ley 50/90, se
precariza la vida laboral. La corrupción no disminuye. Se produce una
contrarreforma agraria trasladando el dominio de la tierra de los campesinos e
indígenas al paramilitarismo legalizado y a los nuevos terratenientes. Aumenta
el número de pobres absolutos y relativos, se cierran total y/o parcialmente
empresas y fábricas, como ha sido el caso de Yumbo, que de ser la Capital
industrial de Colombia se ha convertido en la ciudad capital de empresas
cerradas.
En este marco el conflicto
colombiano es atípico, es sui géneris, es propio colombiano, es a la vez social
y armado, y no hay ni actores, ni espectadores, es un conflicto complejo y
múltiple que involucra a toda la población de una u otra manera, nadie está
excluido de él; la pretendida neutralidad activa no existe, nadie se salva de la
rumba dice una canción, nadie está excluido de este conflicto social y armado,
lo reafirma la realidad.
El intercambio humanitario denunciará la doble
moral gubernamental en este caso.
El acuerdo humanitario se hará entre el estado y la
insurgencia de cobertura nacional que se enfrentan militar y políticamente en
toda la cobertura del país, demostrándose que existen unas partes en conflicto,
una insurgencia como fuerza beligerante con carácter político, hecho que
derrotaría la concepción de la inexistencia del conflicto y de la existencia de
meros terroristas.
Pero asumiendo la normatividad
internacional el conflicto colombiano jurídicamente sería un conflicto típico:
sólo armado sin carácter internacional, lo prescribiría así el Protocolo II
adicional a los Convenios de Ginebra y por lo tanto la misma Constitución
Política, por ser ya parte de ella, según la Sentencia C-225 de Mayo 18 de 1995
que declaró exequible la Ley 171 de Diciembre 16 de 1994 aprobatoria de ese
Instrumento Internacional, es decir, un conflicto donde se enfrentan unas
fuerzas armadas regulares estatales, constitucionales, con otras fuerzas,
también armadas, identificables que confrontan al estado, visten uniforme
reconocido, llevan abiertamente las armas, dependen de un mando, conocen y
admiten las normas y costumbres de la guerra y además son o fueron en algún
momento reconocidos como tales por el estado que ellos confrontan de manera
armada.
Y en el evento de una supuesta reelección analistas
políticos infieren que la Liberación de Ingrid Betancur en ese momento y
siendo ella nueva candidata presidencial derrotaría al presidente y candidato
aislado regional e internacionalmente.
-
El Intercambio Humanitario como consigna democrática nacional de defensa a la
vida, la integridad y la dignidad de la persona, impulsará la acción en pro de
los derechos fundamentales para que su ejercicio sea real; hará seguramente que
la ley de impunidad y olvido llamada de justicia y paz se desnude en toda su
ineficacia. La sociedad, las familias y las propias víctimas exigirán que no
haya ni perdón, ni olvido para los delitos de lesa humanidad y propugnarán por
la verdad histórica, justicia y reparación integral. Los centenares de
desapariciones forzadas y ejecuciones extrajudiciales no podrán quedar impunes.
Con la llamada Ley de Justicia y Paz, duramente
criticada por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, lo que hace el
estado es utilizar la normatividad, las instituciones y todos los instrumentos
constitucionales y legales en armas de guerra para fortalecer un modelo de
estado autoritario que si avanza con la impunidad y el olvido a los delitos de
lesa humanidad, sin la verdad, sin justicia y sin reparación integral no sería
posible el Intercambio Humanitario en esas condiciones.
( IV )
A pesar de
todo la propuesta de Intercambio Humanitario es
válida y sigue vigente.
La vigencia se fundamenta en la aspiración de la
población colombiana de no estar de acuerdo con medidas de fuerza para resolver
la crisis humanitaria; es vigente y lo ha sido a través de la historia
colombiana pues se ha practicado y ejercitado desde la guerra de independencia;
nuestro desarrollo político y militar ha sido prolífico en esos acuerdos
humanitarios conducentes a canjes entre prisioneros de guerra.
Es vigente pues no va en contravía a las pretensiones humanitarias de los
sectores democráticos y populares que sienten en carne propia los efectos de esa
crisis humanitaria que día a día se agrava por acción, unas veces, omisión otras,
y siempre sumisión del estado a la política imperial y de los sectores más
atrasados y autoritarios que lo dirigen transitoriamente.
Es vigente, como vigente es la lucha por la defensa
de las libertades democráticas que son recortadas y extinguidas en sectores
importantes de la nación, prueba de ello son las continuas y masivas detenciones
de ciudadanos que nada tienen que ver con las sindicaciones artificiales de las
cuales son víctima; hasta los jueces y fiscales que en derecho y ejercicio de la
defensa de los derechos fundamentales dan la libertad a esos ciudadanos son en
última detenidos y encarcelados, ni la iglesia se salva de esta arremetida
antidemocrática, últimamente un distinguido sacerdote de Magangue defensor de
los derechos humanos fue retenido; educadores y estudiantes universitarios en la
costa atlántica luego de ser detenidos y posteriormente dejados en libertad por
ser inocentes aparecen asesinados, al igual de la cantidad de maestros y
maestras afiliadas a FECODE son igualmente exterminados, la persecución y el
asesinato de sindicalistas continúa. Centenares de dirigentes sindicales de la
CUT, líderes campesinos y militantes de la oposición han sido víctimas de
allanamientos, detenciones arbitrarias, amenazas, atentados y asesinatos.
Es vigente pues hay crisis humanitaria compleja y
aguda, y esta crisis no se puede resolver convirtiendo los problemas sociales en
problemas de orden público, la guerra no es vigente. La guerra ahonda el atraso
económico del país.
Es vigente la necesidad de disminuir la intensidad
del conflicto.
El intercambio humanitario va en esa vía, liberar a
las personas privadas de su libertad como consecuencia del conflicto social y
armado, unos en poder del estado como presos de guerra y presos políticos,
populares y sindicales hacinados en las cárceles, y otros en las selvas y
montañas sufriendo los rigores no sólo de la guerra sino de la naturaleza, y
ahora del estado que sigue cerrando las puertas al intercambio humanitario, y lo
peor: ha arrojado concientemente sus llaves para profundizar, agravar y agudizar
el conflicto en todas sus manifestaciones; social, política y armada.
La propuesta de intercambio humanitario además de
vigente, es válida.
Las alternativas están aquí planteadas.
Pradera y Florida esperan con su relieve colombiano
y la comunidad esperanzada la desmilitarización temporal para que las partes
beligerantes se reúnan en un primer encuentro y acuerden el intercambio
humanitario entre todas las personas privadas de su libertad como consecuencia
del conflicto social y armado colombiano.
V
Para que el Estado no olvide a sus conciudadanos
quienes están retenidos por la insurgencia no por lo que son sino por lo
que ellos representan en el marco del conflicto interno social y armado, los
presentamos a continuación.
.Civiles:
Excandidata Presidencial Ingrid Betancourt y su asesora Clara Rojas; los
diputados vallunos Héctor Arismendi, Carlos Barragán, Carlos Charry, Ramiro
Echeverri, Francisco Giraldo, Jairo Hoyos, Sigifredo López, Juan Carlos Narváez,
Nacianceno Orozco, Edinson Pérez, Alberto Quintero, Rufino Varela; los
congresistas Jorge Eduardo Gechen, Consuelo González, Orlando beltrán, Luis
Eladio Pérez, Gloria Polanco, Oscar Lizcano; el exgobernador del Meta Alan Jara
y el ex ministro Fernando Araujo.
Militares Norteamericanos Thomas
Howe, Marc
Gonsalves y Keith
Stannsen.
Oficiales y suboficiales del Ejército
Nacional: tenientes Juan Carlos Bermeo, Raimundo Malagón; sargentos
Harvey Delgado, Luis Moreno, José Ricardo Marulanda, Erasmo Romero; cabos Luis
Beltrán, Róbinson salcedo,
Amaon Flórez, José Miguel Arteaga, Luis
Arturo Arcía, William Pérez, Libio Martínez.
Oficiales y Suboficiales de la Policía
Nacional: Coronel Luis Mendieta,
capitanes Edgar Duarte, Julián Guevara; teniente William Donato, sargentos César
Lasso, Luis Erazo; cabos José Libardo Forero, Jhon
Durán, Julio Buitrago, Enrique Murillo; Subtenientes Javier Rodríguez, Wilson
Rojas, Elkin Fernández, Jorge Romero,
Alvaro Moreno, Luis Peña, Armando Castellanos, Jhon
Pintado, Carlos Duarte y Jorge Trujillo.
Falta conocer de igual manera a los retenidos
políticos por el Estado Colombiano en el contexto de este conflicto.
VI
Por último recordando a Simón Bolívar:
La política para él no se reducía entonces y sólo a la
coacción o violencia
El episodio del Armisticio de 1.820 con Morillo es el ejemplo
más elocuente de la concepción bolivariana al respecto, al general español le
insistía que prefería la paz a la guerra, a pesar que el resultado de la campaña
le era favorable y se perfilaba la derrota militar del invasor. Esto porque
Bolívar reconocía que la guerra es uno de los fenómenos más azarosos, con
consecuencias impredecibles e inciertas, como lo recordó a Santander en la carta
del 11 de enero de 1.820:
“La suerte de la guerra es
impenetrable para los hombres... la fortuna es generalmente ciega... Por lo
tanto valía la pena negociar si con ello era razonable esperar consecuencias
positivas a la causa independentista.”
El Libertador pensaba en como ahorrar sufrimiento y
penalidades innecesarias, dado el efecto devastador de la guerra, en el
cumplimiento de la tarea histórica de expulsar al opresor y conquistar la
independencia y el bienestar de los pueblos americanos.
SIMÓN BOLIVAR a Santander le escribía en tal sentido el 23 de
Febrero de 1.825 diciéndole que:
“En política nada vale tanto
y cuesta menos como las demostraciones de respeto y consideración, sobre todo
cuando la superioridad es marcada y no se puede atribuir a timidez”.
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“…Art. 2º. Todo militar o dependiente de un ejército
tomado en el campo de batalla, aún antes de decidirse ésta, se conservará
y guardará como prisionero de guerra, y será tratado y respetado
conforme a su grado, hasta lograr su canje…”“Armisticio
de Trujillo”
firmado entre Simón Bolívar y Pablo Morillo
Trujillo 25, 26 de Noviembre de 1820 |
Ayer
el 27 de noviembre de 1820, en el pueblo de Santa Ana, en Trujillo, se realizó
la histórica entrevista entre Bolívar y el Jefe realista Pablo Morillo, para
ratificar con un abrazo los Tratados que acababan de firmar sobre
Regularización de la
Guerra entre España y Colombia, representadas ambas naciones
por Pablo Morillo y Simón Bolívar, respectivamente.
Según el propio
Libertador Simón Bolívar, este Tratado «…es
digno del alma del General de Brigada Antonio José de Sucre
Sucre…»
(1),
por el cual desde ahora en adelante «…se
hará la guerra entre España y Colombia como la hacen los pueblos civilizados…».
El “Tratado de Armisticio de Trujillo”
firmado
por seis meses
tenía por objeto suspender las hostilidades para facilitar las
conversaciones entre los dos bandos, con miras a concertar la paz definitiva,
obligaba a ambos ejércitos a permanecer en las posiciones que ocupaban en el
momento de su firma. Histórico
Tratado político-militar firmado en el preludio del victorioso y posterior
24 de junio de 1821.
(2)
Este Tratado
fijó como línea de demarcación “…el
río Unare, remontándolo desde su embocadura al mar hasta donde recibe el Guanape;
las corrientes de éste subiendo hasta su
origen; de aquí una línea hasta
el nacimiento del
Manapire;
las corrientes de éste hasta el Orinoco; la
ribera izquierda de éste hasta la
confluencia del Apure; éste hasta
donde recibe al Santo Domingo; las
aguas de éste hasta la ciudad de Barinas, de
donde se tirará una línea recta
hasta
Boconó
de Trujillo;
y de aquí la línea natural de demarcación
que divide la Provincia de
Caracas del Departamento de
Trujillo".
En
referencia al intercambio humanitario indicó con claridad en su Artículo
segundo que
“…Todo
militar o dependiente de un ejército tomado en el campo de batalla,
aún antes de decidirse ésta, se conservará y guardará como
prisionero de guerra, y será tratado y respetado conforme a su
grado, hasta lograr su canje…”
De igual manera planteó de manera
imperativa “…
la protección de la
población civil y de los combatientes heridos o enfermos, establece la
obligatoriedad del canje entre prisioneros de guerra, y prohíbe la
aplicación de la pena de muerte para conspiradores y desertores que se alisten
en las fuerzas opositoras…”
¡¡¡ Todo un Tratado de Gentes, un Tratado Humanitario!!!
Termino
como el poeta y patriota cubano José Martí cuando afirmó:
"Lo
que Bolívar dejó sin hacer, sin
hacer está hasta hoy. Porque Bolívar tiene que hacer en
América todavía”
En
homenaje a Bolívar adelante por el intercambio humanitario.
Muchas gracias.
Cali Octubre de 2005
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