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Ejercito al servicio del
narcotráfico.
Miguel Suárez *
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Los sucesivos escándalos criminales donde se han visto mezclados los
sacrosantos aparatos de represión de la oligarquía colombiana, los han
colocado en la mira de la comunidad nacional e internacional que hoy
descubre que ese ejercito, que había sido pintado como un dechado de
virtudes, es el autor de los mas sonados actos terroristas realizado en
el pais y endilgados por ellos, siempre a las Farc-EP y que detrás de
esto esconde su condición de estafetas del narcotráfico al que aseguran
combatir.
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La oligarquía colombiana acostumbra, basados en sus manipuladas
encuestas, a asegurar que sus aparatos de represión, especialmente el
ejercito, son lo mas apreciado por el pueblo colombiano, cosa que dista
bastante de la realidad. |
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Basta presenciar el comportamiento de los jóvenes en los barrios
populares cuando notan la presencia de los hombres de algunos de los
aparatos de depresión, mas específicamente del ejercito y de la policía.
Al notar la presencia de estos los jóvenes y los adultos prefieren tomar
distancia de ellos y en la mayoría de las veces, prefieren esconderse. |
Si esto es aprecio, lo que debemos pensar es que en algún momento cambio
el idioma y no me di cuenta, porque este comportamiento denota temor o
desprecio, pero nunca aprecio.
Y es que el pueblo colombiano que ha sufrido desde hace muchísimos años
las arbitrariedades contra ellos cometidos por la oligarquía a través de
sus maquinas de represión, conoce muy bien la clase de individuos que
componen estas organizaciones criminales y las directrices a ellos
entregadas, a tanto que el termino policía, es un apelativo que
significa mala persona, delincuente y delator.
Ese desprecio es una realidad que al pasar de los años se ha venido
denotando mas y más a medida que la guerra contra el pueblo se a ido
incrementado y en la medida que el pueblo ha sido colocado por las
políticas del terrorismo de estado como el enemigo a combatir.
El carácter terrorista y el desprecio del pueblo contra los aparatos de
represión, era frecuentemente negada por la oligarquía colombiana, a
sabiendas de la importancia de los aparatos para mantenerse en el poder,
jugando un papel primordial en la represión las organizaciones
delincuenciales denominadas como ejercito y policía.
Son cientos los actos delictivos y asesinatos donde se han visto
mezclados estas organizaciones; el holocausto de la corte suprema de
justicia en noviembre de 1985 y la desaparición de los empleados de la
cafetería, que fueron sacados vivos por ese criminal ejercito y luego
asesinados, fueron un gran campanazo sobre el rumbo de ese descompuesto
ejercito hoy la servicio de la mafia.
En el holocausto se asesino el poder judicial, los responsables de estos
delitos hoy gozan de jugosas pensiones y fueron hasta condecorados por
su acción criminal.
La interacción entre la alta jerarquía polítiquera con los grandes capos
del narcotráfico como Pablo Escobar, Gonzalo Rodríguez Gacha, Gilberto y
Miguel Rodríguez y el haber colocado al ejercito, la policía y en
general todos los organismos de represión de la oligarquía al servicio
del narcotráfico, contribuyeron aun mas a la descomposición de esas
organizaciones criminales institucionalizadas.
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Han sido muchos los casos donde policías o soldados rasos y mandos
medios se han visto mezclados en escándalos de narcotráfico y eso podría
llevar a pensar de que la infiltración del narcotráfico en estos
aparatos de represión solo llega hasta allí, pero esto no es cierto, es
todo lo contrario, los altos mando de estos aparatos de represión están
contaminados hasta los tuétano y tanto policías como soldados intentan
copiar los métodos empleados para enriquecerse por los que ellos llaman
personas de bien. |
Hace algunos años causaba admiración en los llanos orientales
colombianos como los camiones del ejercito de la oligarquía colombiana,
transportaban abiertamente los insumos para la elaboración de cocaína al
laboratorio conocido como “Tranquilandia”, donde fue hallado el
helicóptero de Alberto Uribe Sierra, el narcotraficante padre de Álvaro
Uribe Vélez, mostrando esto la profunda implicación del estamento
militar y de la oligarquía con el narcotráfico.
Esto, que era un secreto para muchos se fue haciendo publico por los
cada vez mas descarados nexos entre la oligarquía y sus altos mandos
militares con los narcotraficantes.
Un caso muy diciente de la servidumbre de los aparatos de represión de
la oligarquía colombiana al narcotráfico, fue el caso del buque insignia
de la Armada de la oligarquía colombiana, el Gloria, en cuyo interior
los gringos encontraron, el 22 de junio de 1976, un paquete que contenía
28.5 kilos de cocaína.
Más de cinco personas relacionadas con la introducción de la cocaína al
buque Gloria, fueron asesinadas y los jueces militares, después de uno
de sus simulacros de juicio, terminaron absolviendo a todos los
responsables.
No voy a detallar aquí el caso del avión del en su tiempo presidente
Ernesto Samper, avión perteneciente a la Fuerza Aérea de esa oligarquía,
donde los gringos encontraron varios kilos de morfina.
Son varios los llamados altos mandos de la oligarquita colombiana o sus
familiares que han resultado mezclados con el narcotráfico.
Uno de los primeros casos conocidos y que se oculto muy rápidamente fue
el del general Miguel Vega Uribe, ministro de defensa cuando el
holocausto del palacio de justicia, quien estaba casado con una hija de
Escrucería Delgado, un narcotraficante que figuraba como congresista de
la oligarquía colombina quien fue condenado por narcotráfico en Carolina
del Norte, Estados Unidos.
El 5 de septiembre de 1986, fue capturado el mayor del Ejército Álvaro
Gutiérrez Castellanos con 80 kilos de cocaína, uno de los que lo
acompañaba en el camión del Ejército en el que se transportó la droga,
Lucas Ortiz Avendaño, poseía una metralleta, que le había sido vendida
por la Industria Militar, gracias a una recomendación del general Mario
Alberto Pineda Gallo, quien sería trasladado luego, de la Ayudantía
General del Comando de las Fuerzas Militares, a la base militar La
Dorada, en Puerto Salgar, donde se desarrolló la celebración del
cumpleaños de Gonzalo Rodríguez Gacha, El Mejicano.
Un capitán de la Policía, Yesid Parra Vera, dispuso guardia permanente a
Rodríguez Gacha, ordenó vigilancia de seguridad al Hotel Departamental,
de propiedad oficial, donde llegaron sus 50 invitados, todos reconocidos
narcotraficantes.
Cuando Rodríguez Gacha salió en cabalgata a mostrar el regalo que él
mismo se hizo --el caballo Tupac-Amarú, que acababa de comprar en $800
millones de pesos colombianos, Parra Vera ordenó cerrar las calles y
montar guardia por donde pasaba el narcotraficante.
El otro ministro de guerra con un escándalo similar, fue el general Luis
Carlos Camacho Leyva, cuyo hermano, Roberto Camacho Leyva, fue
descubierto con cocaína a bordo de un avión de Satena, empresa oficial
adscrita al Ministerio de guerra, donde era el único pasajero.
Otro honorable General mezclado con carteles de la droga es Miguel
Alfredo Maza Márquez, quien según se denunciaba por halla por 1989
cuando era director del DAS, estaba al servicio del Cartel de Cali, por
eso Pablo Escobar quiso asesinarlo mediante una bomba.
El General Oscar Naranjo, quien según la oligarquía colombiana el mejor
policía del mundo en cuestiones de lucha contra el narcotráfico, quien
sabe el historial de todos los narcotraficantes colombianos, desconocía
que su hermano, Juan David Naranjo, quien fue detenido el pasado tres de
mayo en Alemania con varios kilos de cocaína, era narcotraficante.
Al General Oscar Naranjo, también se le ha acusado de ser el protector
del narcotraficante Wilber Alirio Varela, alias ‘Jabón’, uno de los
jefes del cartel del Norte del Valle.
Según se conoció recientemente, el general Mario Correa, director de la
Escuela Superior de Guerra, a donde según la oligarquía colombiana las
Farc colocaron una bombita, esta vinculado con Eduardo Restrepo
Victoria, narcotraficante conocido con el alias de ‘El Socio’, miembro
también del llamado cartel del Norte del Valle.
Otros de estos mafiosos vinculados a las fuerzas militares que me llegan
a la memoria, son el ministro de guerra de Uribe, Jorge Uribe, que
mantenía relaciones carnales con una mujer detenida por traficar con
morfina y Fernando Botero, el hijo del maestro Botero, el de los “Gordos”,
quien recibió dinero del narcotráfico para la campaña Samper Presidente.
De allí para acá, la lista es tan larga, que es mas fácil hablar de los
que no han estado vinculados al narcotráfico. Ahora la mezcla de
narcotraficantes, politiqueros y supuestos empresarios, han llevado a
que la descomposición de quienes, hace muchos años detentan el poder en
Colombia, sea cada vez mayor y difícil de esconder y sumando a esto el
terrorismo de estado la cosa es aun peor.
Ese ejercito de bandidos que hoy esta al servicio del narcotráfico se
apodera del cerca del 40% del presupuesto nacional de Colombia cada año,
unos 17 mil millones de dólares, en su plan Colombia, se han apropiado
de mas de 11 mil millones de dólares y ahora esa oligarquía anuncia una
nueva reforma tributaria, para entregar mas dinero a esos bandidos,
dizque parar renovar equipos y pertrechos.
Los miembros de los aparatos de represión de la oligarquía colombiana no
solo hacen atentados terrorista, se roban cargamentos de cocaína, los
millones de dólares del Plan Colombia, asaltan bancos, secuestran y se
roban algunos miles de cds copiados, asaltan a los ciudadanos comunes y
corrientes y sino que llegan al extremo de robar hasta a los ladrones
callejeros.
En los Estados Unidos, el asesor de la derecha yanqui, el periodista
Robert Novak, en un articulo publicado en varios diarios de ese país,
dijo que "Ejército colombiano es el 'elefante' que nadie quiere ver",
destacando la putrefacción de este por sus vínculos con los
narcotraficantes y paramilitares.
Forrest Hylton, investigador e historiador de la Universidad de Nueva
York, a publicado un libro titulado “La Hora infernal en Colombia”,
donde analiza como se paso de lo que el llama el “Capitalismo cafetero”
a la “Republica de la Cocaína” y la brutal combinación de terror,
expropiación y la pobreza que existe hoy en Colombia.
Dice Hylton que la oligarquía tradicional de Colombia se nutre de los
dineros del narcotráfico y destaca las relaciones de estos con
paramilitares y narcotraficantes que desplazaron a la iglesia como
tradicional aliado de esta oligarquía.
Las relaciones de la oligarquía colombiana y sus aparatos de represión
con el narcotráfico son destacadas también en el reporte de Amnistía
Internacional correspondiente al año pasado (2005), que textualmente
dice; “Durante esas décadas, la mayor parte del tráfico de cocaína del
país estaba en manos de dos sindicatos de la droga: el cártel de
Medellín y el cártel de Cali. El comercio de cocaína penetró en la
policía, el ejército, el sistema judicial, los partidos políticos y los
órganos civiles del Estado, y desató un baño de sangre y violencia que
afectó a todos los niveles de la sociedad”.
Amnistía Internacional también destaca la implementación de estrategia
paramilitar y que en esa implementación es un factor esencial el
ejercito. Estrategia paramilitar que basa su estrategia en la violación
sistemática de los derechos humanos y la imposición de un dominio
político, económico y social sobre las zonas por ellos controladas, tema
que también destaca Hylton en su libro.
Los recientes casos donde los militares en su inmensa descomposición se
colocan bombas entre ellos, se enfrenta por las recompensas o por las
dadivas de los narcotraficantes, han colocado al descubierto lo que la
oligarquía siempre a tratado de ocultar y es su descomposición y la de
sus aparatos de represión, así como el nulo apoyo del pueblo a estas
organizaciones delincuenciales, sin el cual nunca podrán derrotar a la
guerrilla, que según ellos entra como Pedro por su casa a los bastiones
militares como el Cantón Norte y en los bastiones de narcotraficantes y
paramilitares como acaba de ocurrir en Tierra Adentro, en el
departamento de Córdoba.
Allí están pintadas las fuerzas militares de la oligarquía colombiana
que nos han querido presentar como honorables y respetuosas de los
derechos humanos, cuando solo son organizaciones delincuenciales la
servicio de los narcotraficantes.
Director de Radio Café Stéreo
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