Los estrategas del Departamento de
Estado no previeron que al poner el foco sobre esta reunión,
las miradas del mundo se posarían en las dos posiciones
polares: el monótono discurso amenazante de Bush y la
alternativa de Chávez.
Una hora después de clausurada la Cumbre Extraordinaria de las
Américas, está claro que el objetivo central por el cual el gobierno
de Estados Unidos adelantó el encuentro, estuvo lejos de lo buscado
con las excepciones habituales en los últimos tiempos.
Suramérica no se alineó tras de Washington, el comienzo del Alca no
fue ratificado, resultaron infructuosas las múltiples presiones para
mantener callado al presidente venezolano Hugo Chávez Frías y, para
colmo, en su discurso de clausura el presidente argentino Néstor
Kirchner hizo una cruda denuncia apuntada a los propios funcionarios
de Bush que lo atacaron en la última semana y al FMI, cuyo titular
figuró, incomprensiblemente, entre los oradores que inauguraron la
cumbre.
Eludiendo sutilezas, Kirchner hizo público
desde este foro internacional que: (los gobiernos del área) "sufrimos
presiones sin comprensión, indefiniciones y demoras de organismos
internacionales que parecen no entender la necesidad de crecer
para resolver el problema de la deuda en forma eficaz".
Aunque en su intervención Kirchner pidió a George
W. Bush "un Plan Marshall para América Latina", su denuncia contra
los organismos internacionales, la ratificación del compromiso
argentino para que Bolivia obtenga una salida al mar, así como la
afirmación de que mantiene un diálogo permanente con Chávez y con el
presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, implica un acto de
clausura de la Cumbre exactamente inverso al buscado por el
Departamento de Estado estadounidense con la aparatosa reunión fuera
de agenda de los 34 presidentes (todos los del hemisferio, excepto
Fidel Castro).
Maestros de la manipulación mediática, los estrategas del
Departamento de Estado no previeron que al poner el foco sobre una
reunión de tal magnitud ineludiblemente las miradas del mundo se
posarían en las dos posiciones polares: el monótono discurso
amenazante de Bush y la neta alternativa delineada por Chávez,
estrella del encuentro ante la ostensible desesperación de los
máximos funcionarios estadounidenses.
Nada ahorró ayer Bush en su intervención de apertura: insistió en la
necesidad de derrocar al gobierno cubano, machacó sobre el Alca (Área
de Libre Comercio de las Américas), comparó la situación política
venezolana con las de Bolivia y Haití y al salir de su encuentro con
el anfitrión, Vicente Fox, colocó en una situación imposible al
gobierno mexicano: "el presidente Fox y yo (...) vamos a trabajar
con la Organización de Estados Americanos (OEA) para asegurar la
integridad del proceso de referéndum presidencial que se está
llevando a cabo en Venezuela", dijo ante el gesto estupefacto de
Fox.
La mayoría de las comitivas diplomáticas de los 34 países reunidos
manifestó en reuniones privadas el profundo desagrado causado por la
prepotencia sin mesura de un presidente que sólo brilla por el cargo
que inviste. Otro tanto ocurrió con la casi totalidad de los
centenares de periodistas acreditados.
Pero el disgusto mayor se percibe en los medios mexicanos: utilizar
este país - históricamente identificado con la defensa de la
soberanía- para intervenir en la problemática interna de Venezuela,
es una decisión cuyas consecuencias en la política mexicana no
tardará en comprobarse.
Mientras tanto, Hugo Chávez apareció con toda nitidez como la figura
representativa de un creciente malestar en todo el hemisferio.
Mediante múltiples presiones, se intentó que el presidente
venezolano morigerara su tono respecto de los temas más conflictivos
en la región. El objetivo, se dijo desde algunas cancillerías, es
evitar que el gobierno estadounidense continúe sufriendo reveses
sonoros, como los de la conferencia de la OMC (Organización Mundial
del Comercio) en Cancún, en septiembre pasado, y en la reunión de
cancilleres del Alca en Miami, apenas una semana después. "No hay
que azuzar al león", se escuchó en algunos corrillos; "para avanzar
es necesario evitar a cualquier precio la ira del Departamento de
Estado".
No fue el criterio de Chávez. Desde que descendió de su avión ayer
lunes a las 9 de la mañana, comenzó a trazar una posición
alternativa que como punto de partida tomó la oposición al Alca,
subrayando que ese proyecto está muerto: "están usando al Alca como
al Cid Campeador" dijo, aludiendo al hecho de utilizar un cadáver
para librar una batalla. Inmediatamente, en improvisada conferencia
de prensa, reiteró antes de su reunión con Kirchner su deseo de "bañarse
en el mar de Bolivia".
Y en la primera sesión de trabajo, luego del discurso de apertura en
el que Bush atacó a Cuba y manifestó su intención de intervenir en
Venezuela, Chávez hizo una defensa de la ayuda cubana a Venezuela y
los avances que esto permitió en su país en materia social,
sanitaria y educativa: "este es el país cuyo gobierno se pretende
derrocar", dijo.
En la segunda sesión de trabajo instó a que los presidentes
presentes "reconozcamos la gravedad social de nuestros pueblos, por
lo que debemos declarar una emergencia social en el continente".
Insistió en que así como se acordó una carta política, deber
aprobarse una "carta social". Repitió también su propuesta de crear
un Fondo Humanitario Internacional", tomando dinero de una reducción
de los gastos militares, imposiciones sobre las transacciones
financieras, reducción de pagos de la deuda externa, etc.
En cada oportunidad insistió en que la pregunta "¿cómo revertir los
mecanismos de la desigualdad? sólo puede responderse con un cambio
del modelo neoliberal".
Trascendió también que Chávez y sus pares de Brasil, Argentina y
Paraguay avanzaron efectivamente en la incorporación de Venezuela al
Mercosur, perspectiva a la cual se opone frontalmente Estados Unidos,
porque ve en ella mucho más que el fracaso del Alca. Por dificultoso
que sea el período hasta la próxima reunión Cumbre, en Buenos Aires
el año próximo, está claro que con este encuentro extraordinario el
Departamento de Estado no logró retomar efectivamente la iniciativa
política a escala suramericana ni imponer, como lo hacía hasta muy
poco tiempo atrás, el alineamiento automático de los países de la
región. Bush vino a la carga a Monterrey. Y sale chamuscado.
13 de Enero de 2004
(*) Director de América XXI
Articulo tomado de Rebelion
A
R
L
A
C
Asociacion
de
Refugiados de
Latinoamerica
y del Caribe